Peter era un niño que tenía un dragón, mejor dicho, tenía un
amigo que era un dragón, vivía en un bosque precioso a las afueras de un pequeño
pueblo donde nadie les molestaba, por él correteaban, cazaban, jugaban y volaban, disfrutaban
día tras día como si su vida fuese una aventura interminable. Cuidaban el uno del otro y
Peter era muy feliz con su amigo el dragón.
Un día, por casualidad, una familia encuentra a Peter en el bosque y lo llevan a la ciudad, se preocupan al verle sin ropa y piensan que
está perdido y solo, y tratan de ayudarle, ofreciéndole vestidos, una casa y un
montón de cosas que Peter hasta ahora no conocía y que no comprende muy bien
para que las necesita. Él les agradece todo esto, pero les explica que ya tiene
un hogar y un buen amigo que le protege y además es un dragón. Su nueva familia
trata de convencerle de que los dragones no existen, que solo viven en los cuentos y
que la realidad es muy diferente a la fantasía. El niño no entiende nada, ni
por qué ellos si pueden ser reales y su dragón no.
Pasa unos días
aprendiendo cosas con su nueva familia... y una mañana se da cuenta de que ha
descuidado demasiado tiempo a su amigo y vuelve corriendo al bosque para cuidar de él, y que así todo
el mundo pueda comprobar que es real y que es el mejor amigo que uno puede
llegar a tener. Pero cuando llega su dragón ya no está, ha desaparecido, quizás se asustó de
la gente y pensó que vendrían a por él, quizás Peter se olvidó demasiado tiempo y por ese motivo se marchó a otro bosque, ahora el niño se lamenta porque
sabe que nunca debió dejarle solo.
Hoy Peter sigue siendo feliz, lleva una vida un poco distinta, con nuevos amigos y amigas, tiene muchas cosas y una familia que le quiere y
de vez en cuando le llevan de acampada… Pero algunas noches sale de su cama
con sigilo y vuelve al bosque por unas horas, se conoce bien el camino, su dragón le enseñó
todo lo que sabe de las estrellas, busca los senderos y corretea por ellos, ya
no caza porque no lo necesita y ha perdido algo de habilidad al trepar por las
ramas, pero sigue disfrutando como antes aunque le echa mucho de menos, y cuando sopla el viento mira al cielo porque sabe que en cualquier
momento puede volver… y él siempre le estará esperando.
"Contempla con ojos radiantes el mundo que te rodea, porque los mayores secretos se esconden siempre donde menos se piensa. Quien no cree en la magia, nunca la encontrará."
Gustave Flaubert: