Normalmente me sale solo, otras me tengo que obligar, siempre busco una excusa, una fecha en el calendario, un objetivo, más ambicioso o no, eso me da igual... No me da miedo el terreno, siempre lo disfruto, no me importa la distancia o la dureza, es parte del espectáculo. Dónde y con quien si lo suelo tener en cuenta, el escenario si es bueno y compartido sabe mejor.
Sentir la adrenalina, contemplar el paisaje, cambiar de ritmo... es algo así como "electricidad". Esforzarse por cumplir el trato, por llegar a meta, por sentirme satisfecho con el esfuerzo realizado, de eso se trata, quien lo vivió lo sabe.
Hay veces que los músculos, los pulmones y la cabeza dicen basta... y es entonces cuando hay que tirar de "raza", apretar los dientes, confiar y dejarse llevar. Cuando todo parece acabar, cuando la cosa se tuerce, cuando los segundos pesan... me vengo arriba y me siento en mi lugar.
Con sol, con lluvia, nieve, si no sopla el viento o en mitad del vendaval... da igual. Correr y sentir, sufrir y recuperarse de nuevo, seguir rodando y avanzar... negociar con las piernas para que no me fallen una vez más... sea en la montaña o en mitad una maratón, mientras pueda (nadie me dijo que no) y mientras así lo entienda no dejaré de correr.
"Tengo un plan, salir corriendo hasta que todo se arregle"

