Suenan ACDC a todo trapo y la euforia se mezcla con los
nervios, nos miramos y deseamos suerte, pero también nos medimos y analizamos,
resoplamos, apretamos los puños, un par de gritos y en unos instantes comienza
el espectáculo…
Ya no hay vuelta atrás y de nuevo irrumpen las dudas: ¿todo
en orden? ¿Todo en su sitio?
¿Qué tal de sensaciones? ¡Pues coño! Con más
dolores que nunca o alguno más…
¿O que
esperabas? ¿Qué los años no se notasen? ¡Venga
ya! dejan bien clara su huella en huesos y articulaciones, ahora todo son
achaques y cada vez cuesta más mantener el tipo.
Acumulamos muchos kilómetros, dolores, fatigas y caídas… Y si solo fuera eso ¡Joder! cada vez
más historias y problemas, cada vez más viejos, más gruñones y más complejo todo…
cicatrices, todo cicatrices… Pero mira, otra vez que aquí estamos dispuestos a
sufrir de nuevo, ¿y por qué? Porque me lo exige el cuerpo, porque seré más
viejo, pero tengo más experiencia y sé bien lo que necesito, por fuera
pero también por dentro.
Tic tac tic
tac… ¡Aúpa! Solo restan unos segundos
y “me tiro al monte”, ¿Qué por qué? ¡Porque necesitamos mover aquello que no
nos duele!!


