jueves, 23 de febrero de 2017

Línea de salida

Suenan ACDC a todo trapo y la euforia se mezcla con los nervios, nos miramos y deseamos suerte, pero también nos medimos y analizamos, resoplamos, apretamos los puños, un par de gritos y en unos instantes comienza el espectáculo…

Ya no hay vuelta atrás y de nuevo irrumpen las dudas: ¿todo en orden? ¿Todo en su sitio? 
¿Qué tal de sensaciones? ¡Pues coño! Con más dolores que nunca  o alguno más… 
¿O que esperabas? ¿Qué los años no se notasen? ¡Venga ya! dejan bien clara su huella en huesos y articulaciones, ahora todo son achaques y cada vez cuesta más mantener el tipo.

Acumulamos muchos kilómetros, dolores, fatigas  y caídas… Y si solo fuera eso ¡Joder! cada vez más historias y problemas, cada vez más viejos, más gruñones y más complejo todo… cicatrices, todo cicatrices… Pero mira, otra vez que aquí estamos dispuestos a sufrir de nuevo, ¿y por qué? Porque me lo exige el cuerpo, porque seré más viejo, pero tengo más experiencia y sé bien lo que necesito, por fuera pero también por dentro.


Tic tac tic tac…  ¡Aúpa! Solo restan unos segundos y “me tiro al monte”, ¿Qué por qué? ¡Porque necesitamos mover aquello que no nos duele!!  


martes, 21 de febrero de 2017

Lo que de verdad importa


Dicen que lo que de verdad importa no se puede comprar, no depende de  modas y tendencias, no ocupa espacio ni lugar, no se puede medir ni planificar, no vence ni tiene fecha de caducidad, lo que de verdad importa no se puede olvidar sin más…


Nos acostumbramos a que estén ahí, de forma incondicional, para lo bueno, para lo malo, en la salud y en la enfermedad… Ellos siempre están, siempre resuelven, responden cuando los necesitas, nos cuidan, nos protegen, sin llamar la atención pero siempre listos y dispuestos ante cualquier situación… Tienen un don, brillan con luz propia, se alimentan de nuestros problemas, nos aconsejan, nos motivan, nos jalean, nos corrigen, nos  valoran y si es necesario modifican su ritmo para que nos sintamos cómodos…  Son seres únicos, limitados e irrepetibles… Tan excepcionales que lo darían todo, seres con los que por fortuna o azar podemos contar.


Pues bien, si tienes la suerte de tener alguien así… ¿a qué esperas? Merece la pena  identificarlos, reconocerlos, valorarlos y premiarlos, con tu tiempo, con tu cariño, con tu risa…  No dudes, búscalos y devuélveles parte de lo que hacen por ti, porque se lo merecen, porque lo necesitan y porque no son para siempre, o si… eso ya de depende de ti.


miércoles, 1 de febrero de 2017

Por fin el viento se levanta

Nadie lo esperaba, hacía buen tiempo, mediados de enero pero el sol se esforzaba en buscar su hueco entre las nubes, su tacto era agradable y nadie esperaba la tormenta…
Me pongo en marcha, perezoso, pero el día promete, las sensaciones son buenas, esos días que apetece, esos días de invierno que tienen más luz de la habitual, esos días que acompañan...
Y llegó de repente, sin aviso, de forma brusca y con rabia… La lluvia contra mi cara, con fuerza, con furia, con ganas… el aire me frena, me despeina,  me pide pausa, y el frío,
sin pedir permiso me invade, me noquea, me sorprende y me deja sin ganas.
Avanzo, avanzo por inercia, por costumbre, fatigado… me pide que abandone, que no insista, que no merece la pena, que retroceda, que  quizás otro día… Pero avanzo, avanzo y apuro el paso, avanzo y siento que  toda su ira se concentra en detenerme, pero avanzo...
No le tengo miedo, ya vino otras veces, ya lo intentó y fracasó, sé que es más fuerte y que yo no soy nada, pero sé que de nuevo me pone a prueba, intenta vencerme o quizás, quién sabe, intenta hacerme recordar, la verdad es que me da aliento y siento esa sensación, me siento a su antojo, necesario, importante, ha venido a por mí y debo afrontarlo, así que peleo y avanzo, sin  miedo y decidida la marcha...
Esta vez no duró tanto, fue rápido, solo me advertía, solo me nombraba, intensamente pero era tan solo un susurro, solo un aviso para que no me relaje demasiado, para saber si estoy preparado... el sol asoma de nuevo y vuelve la calma, me siento afortunado, parece mentira que pasara tan rápido, sin llamar y con esa rabia...
Sonrío satisfecho, se lo agradezco, su empujón, su fuerza, su presencia… me siento protegido, me da fuerzas, noto su palmada y la necesito de vez en cuando, ya no forcejeo, ya no se lo echo en cara, me dejo llevar, sé que me conduce, me guía, me escolta, me acompaña…

¡El viento se levanta! Y es hora de vivir.