Dicen que lo que de verdad importa no se puede comprar, no depende de modas y tendencias, no ocupa espacio ni lugar, no se puede medir ni
planificar, no vence ni tiene fecha de caducidad, lo que de verdad importa no se
puede olvidar sin más…
Nos acostumbramos a que estén ahí, de forma incondicional,
para lo bueno, para lo malo, en la salud y en la enfermedad… Ellos siempre están,
siempre resuelven, responden cuando los necesitas, nos cuidan, nos protegen,
sin llamar la atención pero siempre listos y dispuestos ante cualquier
situación… Tienen un don, brillan con luz propia, se alimentan de
nuestros problemas, nos aconsejan, nos motivan, nos jalean, nos corrigen, nos
valoran y si es necesario modifican su ritmo para que nos sintamos cómodos… Son seres únicos,
limitados e irrepetibles… Tan excepcionales que lo darían todo, seres con los
que por fortuna o azar podemos contar.
Pues bien, si tienes la suerte de tener alguien así… ¿a qué esperas? Merece la pena identificarlos, reconocerlos, valorarlos y
premiarlos, con tu tiempo, con tu cariño, con tu risa… No dudes, búscalos y devuélveles parte de lo que hacen
por ti, porque se lo merecen, porque lo necesitan y porque no son para siempre,
o si… eso ya de depende de ti.

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