miércoles, 1 de febrero de 2017

Por fin el viento se levanta

Nadie lo esperaba, hacía buen tiempo, mediados de enero pero el sol se esforzaba en buscar su hueco entre las nubes, su tacto era agradable y nadie esperaba la tormenta…
Me pongo en marcha, perezoso, pero el día promete, las sensaciones son buenas, esos días que apetece, esos días de invierno que tienen más luz de la habitual, esos días que acompañan...
Y llegó de repente, sin aviso, de forma brusca y con rabia… La lluvia contra mi cara, con fuerza, con furia, con ganas… el aire me frena, me despeina,  me pide pausa, y el frío,
sin pedir permiso me invade, me noquea, me sorprende y me deja sin ganas.
Avanzo, avanzo por inercia, por costumbre, fatigado… me pide que abandone, que no insista, que no merece la pena, que retroceda, que  quizás otro día… Pero avanzo, avanzo y apuro el paso, avanzo y siento que  toda su ira se concentra en detenerme, pero avanzo...
No le tengo miedo, ya vino otras veces, ya lo intentó y fracasó, sé que es más fuerte y que yo no soy nada, pero sé que de nuevo me pone a prueba, intenta vencerme o quizás, quién sabe, intenta hacerme recordar, la verdad es que me da aliento y siento esa sensación, me siento a su antojo, necesario, importante, ha venido a por mí y debo afrontarlo, así que peleo y avanzo, sin  miedo y decidida la marcha...
Esta vez no duró tanto, fue rápido, solo me advertía, solo me nombraba, intensamente pero era tan solo un susurro, solo un aviso para que no me relaje demasiado, para saber si estoy preparado... el sol asoma de nuevo y vuelve la calma, me siento afortunado, parece mentira que pasara tan rápido, sin llamar y con esa rabia...
Sonrío satisfecho, se lo agradezco, su empujón, su fuerza, su presencia… me siento protegido, me da fuerzas, noto su palmada y la necesito de vez en cuando, ya no forcejeo, ya no se lo echo en cara, me dejo llevar, sé que me conduce, me guía, me escolta, me acompaña…

¡El viento se levanta! Y es hora de vivir.

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