Amanece en Slyudyanka junto al lago helado, un corazón de hielo difícil de abarcar.
Interesante primavera en un lugar fuera de lo común, la vista no se cansa de un espectáculo tan espléndido. Belleza estática, sin límites. Un horizonte blanco y pulido por el viento que día tras día va endureciendo su piel.
Respiro su aliento, miro a la otra orilla, agradezco el calor del sol, la nieve reciente le ofrece un manto de seda sobre el que me deslizo. A mi paso voy dejando una huella firme y limpia pero apenas se resiente este mar de infinita dimensión.
En este punto no deseo nada más, la naturaleza me acoge y me invita a entrar. Bosques de pinos y abedules en la distancia, me siento diminuto y desnudo en una escena tan imponente. No molesto a nadie, nadie me reclama ni tengo necesidad. Es como apretar un botón y todo cambia.
Me asaltan recuerdos de otros lugares, de otras épocas, navego por sus hojas, saltándome meses, atravesando semanas, limando días y agarrando los segundos que me ofrece este instante, una sensación agradable y fugaz.
Sol, un buen paisaje y unos pies dispuestos a caminar. No necesito nada más.
Regreso sobre mis huellas, anoto algunas palabras, comparto mi alegría difícil de expresar, cojo un tren y creo que no dejo nada atrás. Anochece en Irkust y por un momento siento que me invade una gran felicidad.
Un extraño silencio me rodea, se va acercando.
Siento más el frío pero estoy listo para soportar el mar.
Las aguas negras toman el control.
(Black Water - Of Monsters and Men)

