domingo, 9 de abril de 2017

Lugares mágicos

Un grupo de colinas con un pico que destacaba sobre todas ellas. A simple vista no es que fuera una montaña impresionante, no… ni que tuviera nada en especial, pero su silueta, coronando la ciudad, la hacía enormemente atractiva para todos aquellos que somos sensibles a estos contrastes naturales.

Reconozco que nos llamó la atención de inmediato, y aunque estábamos cansados y sabíamos que tardaríamos en llegar, solo bastó una mirada cómplice para ponernos en marcha… Estábamos tan emocionados que el tiempo se nos pasó volando, y sin darnos cuenta, ya estábamos a los pies de ese monte misterioso, así que sin mirar atrás comenzamos a conquistarlo, metro a metro saboreando cada instante, sintiéndolo como nuestro, y al llegar arriba nos miramos y supimos sin dudarlo que el esfuerzo había merecido la pena.  

El viento soplaba con fuerza y avanzaba la tarde, pero había que quedarse un poquito más, desde ahí todo era único, no se escuchaba el tráfico ni los gritos de la gente, solo se sentía el viento.  Desde un principio teníamos claro que este viaje iba a ser diferente, pero en ese momento supimos que habíamos llegado a un lugar de los que ya casi no quedan, un rincón especial…


Cuenta la leyenda que hasta allí subió el mismísimo rey Arturo, otros la llaman el asiento del arquero, y dicen que desde su cima hacia guardia vigilando en las frías noches de invierno… yo solo sé que allí estábamos, observando desde lo alto: el rio, sus calles, el viejo castillo negro… desde un paraje que en aquel momento nos pareció mágico… y quien sabe, quizás lo era. 


(Una historia parece verdadera sólo cuando se cuenta como si fuera un cuento)

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