miércoles, 15 de noviembre de 2017

De las cosas buenas


Las cosas buenas están ahí, solo hay que ser paciente y observar,
están en esos momentos fugaces, en esos detalles inapreciables,
en lugares, en paisajes, en instantes, están en las personas.

En abrazos y caricias, en paseos y largas travesías, están en los caminos y las sendas.
En rincones con encanto, en lugares fascinantes y en otros peligrosos y oscuros.
En calles, en los pueblos, en las plazas y en los fuertes, en una flor o en diminutos animales,
bajo un árbol o sentado sobre el césped, en los ríos, en los valles…
En las altas cimas y en pequeños montes, las cosas buenas están en las montañas.

A veces son inesperadas y vertiginosas, a veces las ves venir, otras las buscas y las
encuentras, algunas  intensas y parece que nunca se van a olvidar, otras fugaces y pasajeras 
se las lleva el viento con los años, unas huelen a campo y a tormenta, otras a costa y salitre, 
otras huelen a trigo y a encina… incluso algunas huelen a humo, a humo y a bares.

Unas suceden en primavera, otras sobre la nieve, en tu casa o junto a una hoguera, acampado o incluso en una furgoneta, descubriendo culturas, horizontes, nuevas rutas y otras bien balizadas.
Están repartidas por el mundo, en ciudades pequeñas y en grandes capitales, en países, en viajes, en aventuras y desventuras, en praderas y pedregales.

¿Las conoces? Pues observa, que mientras el tiempo pasa ellas aparecen y desaparecen, y mientras duren hay que aprovecharlas y luego recordarlas… con la gente, con tu gente. Solo tienes que desearlas, ser paciente y dejar que te atrapen.  



Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.
- El Principito-

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