lunes, 30 de abril de 2018

Azimut



En muchas ocasiones la pereza nos gana y la ilusión por volver a ser "quien uno era" no es suficiente para derrotarla. Pero algunas veces, por fortuna, el interruptor de autoapagado se activa a tiempo, a tiempo para desengrasar el mecanismo y volver a poner en funcionamiento todos los cables, músculos y neuronas que solo necesitaban una pequeña puesta a punto para volver a tarbajar como antes.

Ese “clinc” a veces llega en forma de personas, en  una conversación, en un apretón de manos, recordando viejos tiempos, en una frase de ánimo o en un ¿y por qué no?
Cuando esto sucede hay que estar atentos y no desperdiciar esas oportunidades, es el momento de retomar la actividad,  limpiarse la apatía de un plumazo y poner de nuevo a funcionar la maquinaria… un golpe de viento a veces hace girar la veleta en la dirección correcta y esa no es otra que la que nos hace avanzar.

Recordar sensaciones casi olvidadas, sentir la chispa del que se emociona como la primera vez que descubrió cualquier cosa, pedalear con fuerza, aferrarse a la pared probando una y otra vez hasta superarla para buscar el próximo objetivo, sentir ese escalofrió  tan intenso como placentero que te avisa de que ha llegado el momento de apretar, de gritar y de acelerar el paso, cansarse y estar contento… porque esos pocos momentos, son en definitiva, los que nos hacen sentirnos vivos.

A los que te acompañan, a los que te proponen planes, a los que hacen despertar la llama, a los que te marcan el rumbo, a los que te ofrecen canciones, a todos esos compañeros de cordada, con tod@s estoy en deuda.



“Porque al final no recordarás el tiempo que pasaste en una oficina o cortando el césped. Escala esa maldita montaña”                 - Jack Kerouac -

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