En muchas ocasiones la pereza nos gana y la ilusión por
volver a ser "quien uno era" no es suficiente para derrotarla. Pero algunas veces, por fortuna, el interruptor de autoapagado se activa a tiempo, a tiempo para desengrasar el mecanismo
y volver a poner en funcionamiento todos los cables, músculos y neuronas que
solo necesitaban una pequeña puesta a punto para volver a tarbajar como antes.
Ese “clinc” a
veces llega en forma de personas, en una
conversación, en un apretón de manos, recordando viejos tiempos, en una frase
de ánimo o en un ¿y por qué no?
Cuando esto sucede
hay que estar atentos y no desperdiciar esas oportunidades, es el momento de
retomar la actividad, limpiarse la apatía
de un plumazo y poner de nuevo a funcionar la maquinaria… un golpe de viento a veces hace girar
la veleta en la dirección correcta y esa no es otra que la que nos hace
avanzar.
Recordar sensaciones casi olvidadas, sentir la
chispa del que se emociona como la primera vez que descubrió cualquier cosa,
pedalear con fuerza, aferrarse a la pared probando una y otra vez hasta superarla
para buscar el próximo objetivo, sentir ese escalofrió tan intenso como placentero que te avisa de que
ha llegado el momento de apretar, de gritar y de acelerar el paso, cansarse y estar contento… porque esos pocos momentos, son en definitiva, los que nos hacen sentirnos vivos.
A los que te acompañan, a los que te proponen planes, a los
que hacen despertar la llama, a los que te marcan el rumbo, a los que te ofrecen canciones, a todos esos compañeros de cordada, con tod@s estoy en
deuda.
“Porque al final no recordarás el tiempo que pasaste en una
oficina o cortando el césped. Escala esa maldita montaña” - Jack Kerouac -

No hay comentarios:
Publicar un comentario